Inicios de la práctica.

A lo largo de los años, y desde tiempos remotos, son muchos los trucos que han existido para conseguir, de manera casera y económica, unos dientes más blancos, con apariencia más sana y mejor estética. Sin embargo, este tipo de remedios no son, en muchas ocasiones, la mejor de las soluciones, desde un punto de vista sanitario. Es más, de manera habitual, pueden ocasionar infinidad de procesos nocivos, abrasivos, dolorosos y muy perjudiciales para nuestros dientes y nuestra salud oral.

Podríamos decir que los pioneros, o los primeros incursores en el mundo del blanqueamiento dental, fueron los peluqueros y barberos. Éstos, por un módico precio, podían desde cortar el pelo y la barba, hasta hacer de especialistas dentales. Practicaban tratamientos como exodoncias, higiene y blanqueamientos. Dicho hecho no distaba demasiado de nuestra situación actual, ya que se daba en muchas regiones hasta el pasado siglo.

Fue en la Edad Media cuando dichos pioneros comenzaron a comercializar la idea de mantener una sonrisa blanca que hiciera reflejo de alta alcurnia o clase social, así como de poder adquisitivo. Esta tendencia era notable en aquellas personas jóvenes y pudientes en edades casaderas.

Primeras técnicas y sus consecuencias.

En un principio, éstos blanqueaban los dientes con un proceso algo grotesco. Comenzaban por pulir la superficie dental con limas u objetos abrasivos, con el fin de eliminar la materia de la parte más superficial del diente. Acto seguido, los rociaban con ácido nítrico para blanquearlos, dejando un aspecto de blanco impoluto.

El ácido tornaba los dientes blanco brillante, pero al mismo tiempo, causaba la destrucción del esmalte, con los consecuentes problemas de dolor, caries, abscesos…

Irónicamente, las nefastas consecuencias de este tipo de métodos para blanqueamiento de dientes no impedía que la gente lo practicase. La perspectiva futura de perder todos los dientes era considerada el precio pequeño a pagar a cambio del glamour físico.

Años después, en torno a finales del siglo XVIII, se observó que chupar fluoruros también provocaba, en ciertas ocasiones, un efecto endurecedor y blanquecino. Generaba tinciones con un tono más blanco al habitual, cosa que tuvo su éxito, hasta que este remedio se tornó también peligroso dado que, utilizarlo en exceso, daba lugar a todo lo contrario: unas horribles manchas marrones sobre la superficie dental.

Desde estos inicios hasta nuestros días, han sido muchos los trucos caseros utilizados para limpiar los dientes y blanquearlos. Desde el uso de pastas caseras a base de peróxido (agua oxigenada) con bicarbonato y limón, hasta casos más extremos y muy peligrosos como el uso de agentes quelantes, algodones humedecidos con lejía para aprovechar su efecto blanqueante, no solo sobre cosas inertes, sino también en los dientes, siendo esto una total barbaridad.

Situación actual.

Afortunadamente, años después y gracias a la mayor industrialización, comercialización y preocupación por la salud oral, el blanqueamiento dental ha ganado una especial importancia y relevancia. Ahora se asocia, no solo a un signo de glamour, sino a un factor de salud, estética y calidad, así como de proyección social favorable.

Actualmente, son muchos los métodos de blanqueamiento existentes en el mercado. Los dentistas son los facultativos que pueden proporcionarte un tratamiento de blanqueamiento con la mayor seguridad y garantía para tu salud, haciéndolo desde nuestros centros dentales, o a través de pautas domiciliarias sumamente controladas.

Estos procesos no resultan abrasivos ni mucho menos, dejando de suponer un problema dental, dado que previamente has de ser saneado y evaluado para conocer qué tipo de tratamiento es el más indicado en cada caso en particular. Con ello se evita cualquier complicación que pudiera darse por un mal uso del mismo.

Por este motivo y para que goces de una limpia blanca y bonita sonrisa, te invitamos a que te acerques a preguntar a nuestros centros SJD Dentistas, ya que, para nosotros, tu sonrisa nos cuenta muchas cosas y hace que trasmitas muchas más a los que te rodean.

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